El ‘nuevo montañismo’ en la era post-Covid

Llegará el momento en el que acabe la crisis sanitaria, al menos, en su primera oleada. Y que, poco a poco, volvamos a la llamada ‘nueva normalidad’. Ya nos han advertido que esa normalidad será diferente a la que estamos acostumbrados. Los cambios afectarán a todas las actividades del día a día, y también, a nuestra práctica deportiva. De manera resumida, los nuevos hábitos sociales estarán marcados por una mayor higiene, la autoprotección y por el distanciamiento social.

Redacción: Jon Sanz Pérez, Guía de Montaña
Parece que las propias características del deporte de montaña y naturaleza juegan a favor en esta nueva manera de volver a hacer deporte. Salvo la escalada y bloque en rocódromos, nuestro deporte se practica al aire libre y generalmente en grupos pequeños, ambas condiciones favorables. Aunque pueda parecer que el montañismo (en todas sus modalidades) es un deporte que se practica en equipo, no es exactamente ni un deporte en equipo ni un deporte de contacto. Nuestro deporte es, más bien, un deporte individual que se practica en compañía. Potentes razones de seguridad hacen que sea muy recomendable la práctica acompañada. Esto es especialmente evidente en la escalada en roca, pero también necesitamos de compañeros en las salidas senderistas, ascensiones, barrancos… Por tanto, desde el momento en el que el deporte de montaña es un deporte en compañía, tendremos que adaptarlo a la nueva situación.

Los desplazamientos al punto de inicio de la actividad (aunque no sea la práctica más ecológica) convendría hacerlos de manera individual. Los viajes compartiendo coche con compañeros de montaña que no pertenezcan al ámbito familiar, ya suponen una práctica arriesgada que facilita los contagios.

La parte más sensible en la práctica de nuestras aventuras de montaña en esta era post-Covid es, probablemente, el uso de los refugios de montaña. Quienes hayan pasado una noche en un refugio ya conocen que estas infraestructuras, de gran utilidad para el montañero, no son el mejor ejemplo de distanciamiento social.

El espacio y recursos limitados, propios de estas instalaciones en medio de la montaña, hacen que el estrecho contacto social sea inevitable. Estas condiciones eran muy evidentes en los últimos años. La gran afluencia de visitantes hacía que, en estos espacios, se vivieran situaciones de masificación e, incluso, hacinamiento. Sin pretender cuestionar el buen trabajo y la aptitud de los guardas de los refugios, la higiene en estas instalaciones siempre ha sido difícil y limitada. Simplemente, somos demasiados usuarios. También hay que decir que hemos observado que las prácticas de higiene por parte de los visitantes de estas instalaciones no son las más cuidadosas, lo cual no ayuda.


Los refugios verán reducidos sus aforos. También van a cambiar sus prácticas. En las habitaciones se retirarán las mantas/edredones reutilizables, y las almohadas desaparecerán hasta próximas temporadas. Estaremos obligados a llevar nuestros propios sacos de dormir. Además, para asegurar aún mayor higiene, probablemente, se
 generalice el uso de cubre-colchones desechables. A la hora de dormir, siempre hemos recomendado colocarse de manera contrapeada en las habitaciones, de manera que, entre los usuarios se alternen las cabezas con los pies. Esto aumenta la distancia entre las personas y contribuye a dar una sensación de más espacio. Por la noche habrá que abrir ventanas (quizás de manera obligatoria) para asegura la renovación del aire y evitar los ambientes cargados.
En las comidas se generalizarán los servicios individualizados. Los desayunos buffet y las “cenas de olla” en el centro de la mesa serán sustituidos por bandejas con raciones individuales (como ya se hace, desde hace muchos años, en algunos refugios).

Probablemente tengamos que cargar con un par de zapatillas extra para poder movernos por las dependencias del refugio, ya que los chanclos y zuecos que teníamos a disposición de los usuarios, desaparezcan temporalmente. El equipo de guardería tendrá que extremar la higiene en todas sus prácticas (en la manipulación de alimentos y cocina fundamentalmente) y se verá obligado a reforzar la desinfección frecuente de las instalaciones. A más largo plazo los refugios de montaña van a cambiar mucho.

En relación con lo anterior, el vivac se presenta como una práctica más segura para nuestras noches en montaña, siempre respetando las distancias de seguridad. Si se duerme en tienda de campaña ha de ser individualmente (una persona por tienda), pudiéndose compartir solo en el caso ya existiese previamente un contacto personal estrecho en el ámbito del hogar (por ser familia, pareja, compañeros de piso, etc…). Si las condiciones de la montaña y la climatología lo permiten siempre será preferible el vivac sin tienda (al aire libre con un saco de dormir y una esterilla), separándose suficientemente del compañero. Si en un vivac no quedase más remedio que compartir espacios estrechos es recomendable dormir contrapeados (pies con cabeza) y siempre manteniendo la máxima ventilación de ese espacio.

Durante las cenas-vivac hay que extremar la higiene. Hemos de evitar algunas prácticas generalizadas, pero poco higiénicas, a las que estamos demasiado acostumbrados: probar el punto de sal de las comidas con cubiertos usados, cenar de un mismo cazo, beber de una misma botella. Quizás sea un buen momento para los sobres individuales de comida liofilizada o precocinada.
“Las actividades de un día, en las que no es necesario pasar la noche en la montaña, se presentan como las más seguras. Si somos capaces de mantener unos protocolos de seguridad el riesgo de contagio es mínimo. Los saludos y las efusivas felicitaciones de cumbre serán sustituidos por saludos a distancia, pasando a ser los “choque de codos” la muestra de afecto más calurosa. El compartir comida y bebida durante las paradas, una de las prácticas más arraigadas en la comunidad montañera, ha de dar paso al consumo individual, siempre más higiénico. Tampoco es recomendable compartir crema de sol y loción labial. En general, cada uno ha de valerse por sí mismo, siendo responsable de su propio equipo y avituallamiento “
Durante la actividad en sí, hemos de mantener una distancia de seguridad que, creemos, debe ser muy superior a la recomendada por los expertos. Lo que sobra en la naturaleza es espacio, así que ¡usémoslo! Hemos de pensar que, generalmente, nos movemos por senderos y sendas de montaña en hilera, siguiendo una huella y que, por tanto, nos encontraremos en la estela de las micro partículas exhaladas por el montañero que nos precede. A esto hemos de sumar el efecto del viento, que podría extender, incluso aún más allá, el ámbito de alcance de esas partículas. Aprovechemos la excusa para separarnos y disfrutar de la tranquilidad de andar solos en la naturaleza y con los compañeros a una buena distancia de seguridad.

Por suerte, en la montaña ya estamos acostumbrados al uso de elementos de autoprotección. El uso de gafas de sol en montaña está extendido (es recomendable ya como medio de protección frente a la radiación solar) y, en estos tiempos, con más razón hemos de seguir utilizándolas. Tampoco está de más generalizar el uso de las mascarillas y guantes en nuestras actividades. Toda barrera es, sin duda, un obstáculo a la propagación de los patógenos. La nueva situación tan solo exige, quizás, que utilicemos otros elementos adicionales o que adaptemos los que ya veníamos utilizando, prestando un poco más de atención a su adecuada manipulación e higienización.

En la escalada la aplicación de medidas de distanciamiento social es más difícil. Aunque la escalada sigue siendo una práctica deportiva individual (que se hace acompañado), la posibilidad de distanciarse del compañero de cordada es más complicada y, a veces, imposible. Escalando el punto crítico son las reuniones. ¡Ahí nos encontramos y juntamos todos! Casi siempre hay poco espacio y es imposible mantener las distancias de seguridad. En las reuniones es donde hemos de extremar el cuidado y aquí viene muy bien el uso de elementos de protección, como mascarillas y gafas.

Otro punto sensible es el contacto a través de los propios elementos de la escalada (cuerdas, cintas, mosquetones, etc…) y a través de la roca en los agarres de manos. Se ha hablado del uso de magnesio líquido como una posible solución, pues tiene una base de alcohol y sirve, además de para lo que fué creado, para desinfectar las manos. Con esta medida mantendremos un nivel aceptable de higiene en manos y elementos de contacto de la escalada con cada uso de magnesio.

Tenemos que admitir que el lavado de manos siempre ha sido escaso en montaña. El hecho de que estamos en la naturaleza, en donde nos estamos ensuciando continuamente, hace que hayamos descuidado la higiene en general y, en especial, la limpieza de manos. Quizás sea el momento de cambiar esto y esforzarse por lavarse frecuentemente cada vez que tengamos ocasión. Un simple lavado con el agua corriente no contaminada (de arroyos y ríos) limpia, aunque de manera limitada, por arrastre. Si usamos jabón ha de ser respetuoso con el medio ambiente (sin sosa cáustica ni otros químicos perjudiciales). La tercera opción es el uso de algún tipo de gel hidroalcoholico desinfectante.

Por supuesto, el propio uso de guantes mantiene limpias las manos. Por último, también creemos que la vuelta a una nueva normalidad debería traer una mayor sensibilidad por la higiene en general en el deporte de la montaña. Nuestra propia higiene ha de ser considerada, no solo como una conducta privada, sino como un gesto de respeto hacia los demás.

Esta buena práctica debería ser fomentada por todos los colectivos e instituciones que conformamos la comunidad montañera: deportistas individuales, clubes de montaña, guardas de refugios y, sobre todo, por las federaciones, de manera que los montañeros dejemos de ser el estereotipo de suciedad y desaliño que siempre hemos sido. Las federaciones han de educar en higiene y limpieza entre los practicantes del deporte de montaña, haciendo campañas en tal sentido, y apoyando a los refugios (también económicamente) en la implantación de las nuevas medidas y protocolos.

“En breve volveremos a las montañas. Las características propias del montañismo (en casi todas sus modalidades) hacen que la práctica de nuestro deporte sea relativamente segura. Tendremos que cambiar muchas cosas y adaptarnos. Muchos de esos cambios los tenemos a nuestro alcance. Otros requerirán de un trabajo coordinado a medio plazo con otras instancias. Como siempre, la crisis ha dejado en evidencia nuestras limitaciones y errores, pero también ha supuesto un aprendizaje. Volveremos con nuestra nueva versión mejorada”

 Jon Sanz
 Guía de Montaña – Mountain Guide
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